Las revueltas del mundo musulmán (ya no árabe, al extenderse a países no-árabes como Irán) es una oportunidad de hacernos reflexionar sobre la naturaleza del sistema mundial. En efecto, tras la euforia de los liberales capitalistas al proclamar la victoria de su sistema en 1991, lo cierto es que todavía faltaba deshacerse de sistemas fascistas, monárquicos y teocráticos en Oriente Próximo que amenazaban todo lo que la humanidad, estos últimos dos siglos, basaban nuestra civilización.
Sí, son regímenes que se basan en principios salvajes. Por eso cometen acciones salvajes como torturar y oprimir sistemáticamente a sus pueblos. Da igual que se auto-proclamen como "representantes de un modelo socialista" como es el caso de Libia de Gaddafi o Siria de Assad. Son regímenes fascistas - nuestros enemigos. Y el fascismo militarista tiende a ser más fuerte de lo que nosotros creemos. Sólo intervenciones internacionales, sólo la acción conjunta del mundo entero, puede derrotarlos. Sólo si el mundo deja de mirar a los intereses particulares de cada país, y mira la amenaza mundial que supone el fascismo, podemos nosotros acabar con esos regímenes de una vez por todas.
Pero tal como ocurrió en España hace más de 70 años, el mundo demuestra una miopía impresionante. Es como si no aprendieron nada de la guerra civil española. O más bien, no quieren aprender. Porque en aquel conflicto ideológico que terminaría afectando al mundo entero, la izquierda democrática fue derrotada a favor del régimen fascista que recibió apoyo explítico de regímenes que no les importaban los principios básicos de la paz, derechos del hombre, o la legalidad internacional. Esos son los regímenes que colaboraban entre ellos en sus pretenciones totalitarias, como lo eran el musolinismo, hitlerismo, franquismo e imperialismo japonés. España fue una oportunidad perdida del mundo democrático y socialista para derrotar la barbarie fascista. Sólo se movilizó la URSS, aunque para 1939 no tardó en abandonarles a su suerte. México les apoyó también, aunque aquello no bastaba. Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos se conocen por su pusilanimidad, de la que iban a pagar muy caro.
Volviendo a 2011, detectamos un caso similar. Es a partir de los desarrollos recientes del escenario internacional donde podemos juzgar quién es fascista y quién no. Ante los ataques brutales del ejército libio contra su propia población, no nos sorprende que la Federación Rusa decida negar cualquier derecho a intervención militar en ese país. La China capitalista tampoco lo apoya. Bielorusia, dirigida por un corrupto ex-agente de KGB amigo de Putin, parece dar apoyo en armamentos a Gaddafi. Y, en a mi poco asombro, el peronista... quiero decir bolivariano Chavez y su lacayo drogadicto Ortega de Venezuela y Nicaragua respectivamente también apoyan al fascismo líbio con la excusa de que todo es "propaganda de Estados Unidos". Eso es, insultando a los líbios que sacrificaron sus vidas por luchar por su dignidad.
Mientras Gaddafi recibe apoyo logístico y armamentístico de esos regímenes, el resto del mundo se calla. Prefieren parece el fascismo autoritario a que los árabes líbios se atrevan a exigir dignos salarios ante los abusos de petroleras en ese país. Quizá por eso, tal como apoyaron a Franco entre 1936-1939 con su silencio, las potencias europeas y norteamericanas se van a dar un consentimiento silencioso a Gaddafi, mientras éste recupera su terreno y hace un baño de sangre en ese país.
El caso de Chavez es muy curioso. Después de todo, tras aprobar leyes para depurar las universidades y crear instituciones burocratizadas con imposición estatal, denegando así a los jóvenes a criticarle y tener una mínima integridad intelectual, decide apoyar a regímenes que masacran a su pueblo como si nada. Quizá porque él también piensa de una forma similar. Quizá, como lo hicieron los capitalistas chinos en Tianamen, él está preparado a destruir cualquier exigencia de control de poder por parte de su propio pueblo utilizando a sicofantes y a su propio ejército.
Chávez simplemente adoptó proyectos políticos desarrollados durante el fascismo argentino que era la época de Perón, y lo integró con un autoritarismo militarista y populista propio del pinochetismo y de otros regímenes militares latinoamericanos. Por eso no duda en aliarse con otros regímenes fascistas como Libia, Rusia o China. Por eso las consignas que culpan siempre a un fantasma extranjero, nunca a sus propios fracasos, como si una potencia (que ya no tiene peso en la sociedad y política venezolana, supuestamente de acuerdo con Chavez) siempre va a ser la responsable de todos los males del país.
Es el camino de la paranoia delirante. Una paranoia que convirtió a Gaddafi en la persona que es hoy. E incluso si se declara loco, ese loco es más peligroso de lo que uno puede pensar. No hay que dar tolerancia alguna a cualquier régimen fascista. El hecho de que el mundo hesita tanto en dar una acción rápida y ejemplificadora en estos casos, y donde vemos más apoyo activo a favor de tales regímenes que en contra, inaugura un futuro muy oscuro a los que buscan libertad y justicia social. La izquierda no tiene aliados algunos en el mundo. Ni siquiera a los fascistas populistas de latinoamérica ya mencionados.
EDITADO 5/3/2011:
Parece ser que
Berlusconi y Chavez tienen algo en común...